Pui’s Thai Tapas y el reinado del mango.

publicado en: España, Europa, Madrid | 0

Me gusta la comida tailandesa en general, pero sobre todo por la importancia que tiene la fruta en todos sus platos. En buena parte de ellos aparece de una u otra forma, demostrándonos al resto de mortales que vivimos rodeados de prejuicios innecesarios (sí, soy a las que le gusta la piña en la pizza). Admiro especialmente el uso del coco y el mango y la versatilidad que estos ingredientes le dan a los platos, sean de postre, principales o entrantes; el mango está en todas partes para deleitarnos con su suave textura y su característico sabor, a la vez dulzón y ácido. Y en Pui’s Thai Tapas no escatiman con el uso de esta anhelada fruta.

Pui's Thai Tapas 1.
Crepes de arroz con ensalda de mango y manzana con salmón ahumado, huevas de caviar y la salsa de la casa.


Este pequeño restaurante entre la ronda de atocha y Santa María de la cabeza, está lleno de sorpresas. Tras una fachada de tasca madrileña se esconde una agradable espacio, pequeño, pero bien organizado lleno de pequeños detalles, productos importados, platos de peltre con motivos exóticos y unas cuantas ollitas de colores, que se me olvidó preguntar cómo se llamaban, pero que me encantaron. Aunque lleno de sorpresas agradables, también he de decir que están cortos de personal y tardan, no mucho, pero si demasiado en servir. Al final a nosotros nos salió a cuenta dada la calidad de la comida, pero no a todo el mundo le gusta tanto la comida como a mí, como para perdonar este tipo de detalles. Así que avisados quedan. Tardarán, pero valdrá la pena.

¿Y por qué valdrá la pena?… ¡Porque los sabores son fabulosos!, en cada plato había todo un torrente de sabores que marchan sobre tu boca deliciosamente dejándote huellas, algunas sutiles, otras no tanto, de su carácter. En los entrantes, por ejemplo, unos crepes de arroz rellenos de manzana, mango y salmón entre otras cosas, te quedabas con cada uno de estos sabores, pero especialmente te quedabas con la forma como la manzana ayuda a cortar el ácido del mango, pero cómo este a su vez suaviza la fuerza del salmón, solo para dejar paso a cada una de las explosiones que dejan las huevas caviar en el paladar. Una maravilla.

 

Pui's Thai Tapas 2.
Curry verde y photobomb de un delicioso arroz de langostinos con verduras.

 

Mención especial tiene el Curry verde con pollo, con el que descubrí que tolero más el picante que mis amigos. Toda una sorpresa, ya que siempre he tenido una relación agridulce con el curry porque a veces el picor no te deja saborear absolutamente nada más. Pero en Pui’s Thai Tapas me encantó, el curry se nota, se saborea, se disfruta plenamente sin dejarte la lengua ardiendo en el plato. Otra maravilla.

Pero como primer lugar en el escalafón de platos de este pequeño restaurante debo poner al postre, tal vez, uno de los más sorprendentes e inesperados que me he comido. Coco en láminas, leche de coco, helado de mango y mango fresco, y arroz glutinoso negro de coco. Para los delicados de corazón tal vez sea un exceso de coco, pero no lo es, en absoluto; cada uno de estos ingredientes cumple una función específica que logra crear combinaciones inesperadas en tu boca y te deja sin saber si es que ha sido el mejor postre que te has comido en tu vida o simplemente te gustó, como cualquier otro postre. El Mango Manía te deja en completo estado de confusión, pero una confusión placentera que te empuja a querer más. Una última y magnifica maravilla.

 

Pui's Thai Tapas 3.
¡Mango Manía!

 

Pui’s Thai Tapas es un buen restaurante, alejado del centro más representativo de Madrid, pero que demuestra que hay vida más allá de los barrios de siempre, de toda la vida. Tiene el precio que tienen todos los restaurantes asiáticos, un poco descolocante, pero no demasiado como para empeñar un riñón. Y tardan, pero si tardar significa que van a traer estas maravillas que probé, vale mucho la pena esperar.

 

Pui’s Thai Tapas,

José Antonio de Armona 7, Madrid.

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Juana es arquitecta, colombiana. Cree en la constante búsqueda estética de lo que le rodea, cree en la observancia del entorno como forma de entender la arquitectura y la ciudad y el mundo, cree en los viajeros irreverentes detractores de convencionalismos y es partidaria de la iconoclastia. Cree en hablar cuántas lenguas quepan en la cabeza, cree en escribir y leer como método liberador. Cree en la curiosidad y la creatividad y en nunca dejar de aprender.

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