Aterrizar en Islandia con sol de medianoche

Viajar con el Sol de Medianoche en Islandia

publicado en: Europa, Islandia | 0
Aterricé en Islandia por primera vez hace exactamente 7 años. Era casi la medianoche de la verbena de San Juan, esa noche mágica que recorre toda la costa española. En Islandia también lo celebran, con traducción literal: Jónsmessa. Con ojos cansados (por el cambio de hora y luz), recorría las calles de Reikjavik sin saber que la magia de esas noches luminosas iban a dejarme marcado. Hoy os dejo un paseo fotográfico del Sol de Medianoche en Islandia, el primero de mis dos viajes a Islandia, allá en el 2011.

Al poco de despegar de Berlín, comenzamos a observar el rojizo cielo que nos acompañó durante las 3 horas y 25 minutos que duraba el vuelo. Había leído sobre el Sol de Medianoche, pero no sabía que esperar. Una capa de nubes cubría el cielo de todo el Atlántico y, una vez la atravesamos en nuestra aproximación al aeropuerto de Keflavik, descubrimos un marciano sol rojo anaranjado que marcaba las retinas más sensibles para siempre. Un aterrizaje impresionante para una experiencia inolvidable: viajar con el Sol de Medianoche en Islandia.

Durante tres horas de vuelo perseguimos el atardecer
Durante tres horas de vuelo, de Berlín a Reykjavik, perseguimos el atardecer. Comenzaba a creer en los elfos y duendes.
Atardecer en el aterrizaje en Islandia
El atardecer solo ganaba intensidad en el aterrizaje en Islandia.

El interminable atardecer del sur de Islandia

La diferencia horaria con Berlín (y Barcelona) era de apenas una hora, de reloj, pero de mucho más si hablamos de la luz. Aterricé rozando la medianoche, puntualísimo con la ahora quebrada AirBerlin. Ese sol cegador del que os hablaba rozaba el horizonte, sin ganas de esconderse detrás de él. Inundaba todo el cielo del más potente naranja y dejaba jugar con el contraluz más cálido. Desde el autobús al centro podías divisar un extraño paisaje, entre lunar y marciano, teñido de un rojizo agreste. Un terreno abrupto labrado por el paso del tiempo y el temblar de la tierra.

Al dejar el autobús y caminar por la calles de Reykjavik, una extraña estela azul grisácea atenuaba la claridad de un sol que seguía recorriendo el horizonte. Llegué a la casa de mi couchsurfer, una americana que llevaba apenas unas semanas en el país y que seguía con su ritmo biológico aturdido por la luz. Ante de encontrarme con ella, en la calle veía como adolescentes recorrían en monopatín las cuestas de la ciudad. También me encontré con una niña islandesa de unos seis años, que me llamó la atención por ir mirando al móvil y no a la calle (primero me lo dijo en islandés, luego en perfecto inglés). Eran ya casi las dos de la madrugada, el cielo estaba claro y los niños seguían en la calle, cual tarde de verano. Definitivamente, este país llamaba a perder el sentido del tiempo.

Sol de medianoche en Reykjavik, Islandia
Estas son las vistas a las 2 de la madrugada desde un piso cualquiera en Reykjavik, el 24 de junio
Sol de medianoche en Snæfellsnes
Eran las 11 de la noche y aun no teníamos rastro del atardecer en Snæfellsnes
Al día siguiente, en mi día de exploración en Reykjavik mientras no llegaban el resto de compañeros de viaje, conocí a un chico alemán que le daría la vuelta a mi viaje. A parte de todos los consejos sobre el viaje, me dio muchas pistas sobre la cultura y el respeto al entorno islandés. También me invitó a una fiesta en casa de unos islandeses. La fiesta duró toda una madrugada que veía como el caprichoso sol recorría el horizonte sin ocultarse del todo. Este viaje del sol por el confín de la tierra parecía haber congelado el tiempo. 

Skagaströnd, misticismo de un infinito día

Pensamos que al continuar nuestro viaje por los fiordos del Oeste de Islandia podríamos vivir en su mayor plenitud el sol de medianoche en Islandia. Sin embargo, como ya os contaba en el anterior artículo, la sombra de la tormenta ganó al sol. Tras dos día recorriendo los Westfjiords, continuamos nuestro viaje con intención de llegar a Akurery y el lago de Myvatn. Eran demasiados kilómetros, por lo que encontramos una improvisada pausa en Skagaströnd. El chico alemán nos había dejado una guía más local de Islandia que recomendaba su camping. Fue resultado de la casualidad, y acabó siendo un gran acierto.

El camping de Skagaströnd significa desviarse apenas veinte kilómetros de la carretera 1 que da la vuelta a todo el país. Es uno de los campings más sencillos que encontramos. Dispone de una pequeña caseta en la que calentar tu comida y fregar los platos. Si quieres pagar, tienes que llamar por teléfono para que vengan a hacerlo. El precio por aquel entonces era de apenas 6€ por caravana o tienda de campaña (ahora son 13-14€, independientemente del número de personas), por lo que acabamos repitiendo noche en la vuelta a Reykjavik.

Sol de medianoche en Skagaströnd, Islandia
El Sol de Medianoche en Islandia se vive con más intensidad al norte. En Skagaströnd dormimos en dos ocasiones con espectaculares atardeceres interminables.
Sol de medianoche en Myvatn, Islandia
El sol de medianoche en en Islandia se antoja tan caprichoso como el paisaje. En el lago de Myvatn vemos un claro ejemplo.
Sol de medianoche en Myvatn, Islandia
Si te gusta la fotografía, puedes jugar con la luz tan peculiar que regalan las los dias con sol de medianoche. De nuevo, Myvatn.

La magia de Skagaströnd reside en su falso atardecer. Allí el sol de medianoche sí es pleno y hay un momento mágico en el que todo el cielo se ilumina en un inspirador amarillo. Los islandeses lo saben bien y precisamente fue uno de ellos el que nos buscó en el momento clave. Un pescador islandés con toda su familia veranean parte de cada verano en Skagaströnd buscando la luz de medianoche. El pescador nos llamó excitado diciendo: “¡corred! En dos minutos todo se volverá amarillo por unos instantes, es mi momento favorito del año.”

Efectivamente, fue espectacular.

Viajar a plena luz

Si viajas a Islandia con el sol de medianoche, es necesario que tengas algunas cosas en cuenta. A nosotros se nos pasó cualquier hora decente para hacer un check-in en un par de ocasiones. Hay que recordar que aunque el día no se acabe, los islandeses siguen con su ciclo habitual y los comercios cierran. En Islandia casi todos los alojamientos son de empresas familiares y se quedan sin recepción por la noche. Sí, con una llamada lo arreglas y llegan enseguida, y seguramente ni les importe. Sin embargo, si no llevas una tienda de campaña a mano, piensa que no es difícil que te quedes tirado y que tengas que conducir al siguiente pueblo. ¡Ah! ¡No se puede acampar en cualquier parte! (aunque la posibilidad de que pase la policía es muy remota en casi toda Islandia).

Sol de medianoche sobre el volcán de Hverfjall, Islandia
El sinuoso volcán de Hverfjall es incluso más llamativo cuando el sol lo tiñe en los largos días de junio y julio.
Baños termales con sol de medianoche en Islandia
Cerca de Myvatn puedes disfrutar de los baños termales hasta medianoche. Hacerlo a finales de junio te ofrece la luz más singular.

Una de las ventajas de que los días sean tan largos es que puedes seguir haciendo turismo por la noche. Agradecerás mucho ver los lugares más vacíos de lo habitual, disfrutando el momento. Incluso puedes aprovechar e ir a última hora a sitios tan básicos como unas termas. Nosotros aprovechamos que las termas de Myvatn abrían hasta medianoche para disfrutar de un baño en la mejor luz. Algunas empresas de tours ya organizan salidas “nocturnas”, y es buena idea pensárselo.

Es importante recordar que el Sol sí que se pone en el sur del país. Se pone poco después de medianoche y vuelve a amanecer sobre las tres. Las horas intermedias, en cambio, están llenas de luminosidad. En el norte, la claridad será mucho mayor, por lo que la percepción del tiempo se convierte en casi única. ¡La hora de las tomas de las fotos en mi réflex dan buena fé de ello!

 

David Lopez
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David López es el fundador del blog de viajes De Pronto A Bordo. Basado en Barcelona pero muy a menudo por Berlín. Ha estudiado diseño gráfico y de interiores, pero se ha redifinido bastante rápido como trotamundos. A punto de visitar su país número 34, tras haber vivido en 5 países europeos. Al ser las distancias en Europa muy cortas, ha empezado a explorar el mundo en 2012 de manera más espontánea, y ahora, escribe sobre ello.

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