Un viaje al archipiélago.

publicado en: Estocolmo, Europa, Suecia | 0
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Sandham.

“¿Disculpe, señor?, ¿sabe dónde está la panadería?”

El viejo nos miró como si nos hubiéramos materializado allí mismo, en ese segundo en particular, para hacerle esa pregunta.

“En la siguiente calle a la derecha”, contestó, pero mi tío le insistió diciéndole que se refería a la otra, mientras yo me preguntaba cómo era posible que hubiera dos panaderías en un pueblo tan pequeño en una isla tan pequeña.

“Ahh, la de la casa de mi abuela, esa está en la siguiente calle a la izquierda”.

Aclaro que este fue el resumen que nos dió mi Tío, porque toda la conversación fue en sueco, que como bien saben es una lengua intuitiva y fácil de entender (modo irónico ON), excepto para David, que tiene el don de las lenguas (modo envidia ON).

 

Sandham
Sigue el camino del bosque…

 

Pero no nos desviemos del tema principal, ¿por qué me llamó tanto la atención esta conversación tan mundana?, porque no me la esperaba, porque pensaba que esta isla era un destino de verano, el pueblo al que se vuelve para escapar de la ciudad, un pueblo vacío. Por el contrario, Sandham estaba viva, llena de historias domésticas, de viejos jugando a la petanca y niños corriendo por los caminos. Porque en Sandham no hay calles, hay caminos que se abren paso entre casas, casitas y cobertizos con grandes patios llenos de frutales, hamacas y banderas de Suecia. Todo en construido con madera perfectamente cuidada y pintada con el mimo de una persona que cuida su casa, no con la frialdad de un ente administrativo que te quiere vender un parque de atracciones. Estábamos en los últimos días del verano, éramos los turistas rezagados que llegaron a Sandham cuando ya se había disipado el tufo del turismo de veraniego y de sol, para encontrarnos con el día a día del pueblo, con sus habitantes comprando el pan y tomándose una copita en el bar del puerto.

 

Un truco para conocer más a fondo Sandham es bajarse en la segunda parada de la isla (la primera sería el puerto principal, frente al Sandham Seglarhotell  con su fachada roja y su hermoso logo blanco). Este segundo puerto te lleva a una zona residencial de casitas de madera desperdigadas por un bosque de árboles muy altos (ay, si tan solo supiera los nombres) y arbustos bajos llenos de bayas que puedes coger a manos llenas. Es interesante ver cómo a este puerto llegan los habitantes de la isla con cajas llenas de víveres para montarlos luego en cuanto artefacto con ruedas les permita llevarlos a sus casas. Es un puerto que no está lleno de barcos o botes, sino de bicicletas y carretas.

Hay un camino que se abre paso entre el bosque y que te lleva directamente al pueblo, así que perderse no es una opción, simplemente hay que seguirlo, y lo recomiendo insistentemente, porque es en este tipo de lugares en donde se entiende la relación que tienen los suecos con la naturaleza. Las casas pululan como flores estacionales, como si supieran que aquí están brevemente, como si le hubieran pedido permiso al bosque para existir.

 

Sandham
El bosque se vive, incluso dentro de las casas.

Una parada en Waxholm.

waxholm
Puertito en Waxholm.

Antes de volver a Estocolmo paramos en Waxholm, un bastión de gente acaudalada a la que se le dió por construirse casas grandiosas, con jardines grandiosos y hasta miradores. Vale mucho la pena, también, pasear por la parte más humilde del pueblo, que nos recuerda mucho más a Sandham y su maravillosa ausencia de coches, aceras y grandes superficies. Un paralelismo que muestra dos caras de Suecia, muy distintas, pero igual de hermosas.

 

Aunque desde aquí tienes una línea de bus que te lleva al centro de Estocolmo, recomiendo seguir en ferry hasta la ciudad,;la entrada por el mar es algo que hay que experimentar, se llega entre islas que brotan del mar en cantidades extraordinarias, con casas y barcos y botes que prueban la riqueza de la madera como material de construcción y que te enseñan que a Estocolmo hay que verla desde el mar.

 

¿Todavía se preguntan qué pasó con la panadería? Pues esto…trenzas de hojaldre rellenas de frutos rojos. Dos. Se llama Sandhamns Bageriet, y no se te olvide que aquí vivió la abuela de alguien hace mucho, mucho tiempo.

 

Trenza de frutos rojos
Foto poco profesional. Como nota aclaratoria, el brazo peludo no es mio.

 

Datos prácticos.

Puedes hacer una gran variedad de recorridos por las islas del archipiélago, recomiendo meterse a las páginas de Waxholmbolaget y Strömma, que son las compañías que se encargan de cubrir las rutas entre islas y desde Estocolmo. Ambas tienen páginas sencillas y herramientas para planificar el viaje. ¡Incluso puedes viajar en barco de vapor!.

Por otro lado, y si quieres ahorrarte unas cuantas coronas, puedes hacer parte del recorrido por tierra en alguna de las líneas interurbanas que salen del centro de la ciudad y te llevan a pueblos en donde paran los ferrys. Vale especialmente la pena si tienes la Travelcard de la compañía de transportes de Estocolmo, así le sacas más partido a los viajes ilimitados que tiene. La página Waxholmbolaget te lo pone especialmente fácil al darte las correspondencias de líneas de ferris y buses disponibles.

 

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Seguir juanamaol:

Juana es arquitecta, colombiana. Cree en la constante búsqueda estética de lo que le rodea, cree en la observancia del entorno como forma de entender la arquitectura y la ciudad y el mundo, cree en los viajeros irreverentes detractores de convencionalismos y es partidaria de la iconoclastia. Cree en hablar cuántas lenguas quepan en la cabeza, cree en escribir y leer como método liberador. Cree en la curiosidad y la creatividad y en nunca dejar de aprender.

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