Santa María del Naranco

[space_20]Es socialmente aceptado decir que viajamos a través de los sentidos, pero el 80% de mis viajes los vivo a través de mi estómago, un cicerone tirano que me lleva a planear un viaje siempre desde el aspecto gastronómico.  Así que planeo al milímetro donde comer, y lo demás me gusta descubrirlo poco a poco, como por accidente con muy pocas ideas preconcebidas en la medida de lo posible.[space_20] [space_20] Excepto en Oviedo. En esta ciudad la comida quedó relegada a un segundo plano para darle el más absoluto protagonismo a las faldas del monte Naranco y sus joyas arquitectónicas particulares, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Edificios que tuve el placer de conocer en la facultad de arquitectura, pero a los que ninguna descripción, análisis o foto les hacen la más mínima justicia. La magia de estos monumentos no solo radica en su antigüedad, sino también…

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[space_20]Sí, sé que suena pretencioso decir que tienes un restaurante preferido en una ciudad en la que solo estuviste dos días. Pero aquellos que conocen este lugar en pleno centro de Oviedo me entenderán, Salazogue es mágico, es agradable y las sensaciones que dejan sus platos en el paladar son únicas. Tras enamorarnos de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, decidimos escoger un lugar tranquilo, de buen precio y que, sobre todo,  no fuera una trampa de turistas para comer; y gracias al consejo de San Tripadvisor nos topamos con este pequeño restaurante en una pequeña pero alegre plazuela formada por el cruce de las calles de Cimadevilla y de San Antonio, y a tiro de piedra de la Catedral.[space_20] [space_20]Tres platos nos dieron a escoger como parte del económico menú del día, y tres platos probamos que nos dejaron queriendo repetir. Sopa de verdura, marmitako y…

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